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martes, 12 de abril de 2011

El papel de los transportes en las cambios económicos de la segunda revolución industrial

En el último tercio del siglo XIX los transportes experimentaron un gran desarrollo en Europa y América del Norte. Las redes ferroviarias estaban concluidas en muchos países hacia 1870, se había invertido mucho dinero pero gracias a estas redes la producción crecería y se multiplicarían los intercambios comerciales.
La navegación a vela fue sustituida por el vapor, lo que aumentaba la velocidad de los transportes; a esto hemos de añadir la apertura de nuevas rutas (Canal de Suez en 1869 y de Panamá en 1914) que acortaron distancias e incidieron directamente en un abaratamiento de los costes de los productos.
Por último la aparición del automóvil y de la aviación trajo consigo una auténtica revolución económica, fue preciso aumentar la producción siderúrgica y mejorar el trazado de carreteras, ello requirió un gran esfuerzo inversor y a la larga se aceleró el desarrollo económico.

Principales cambios de la segunda revolución industrial.

Tras la Primera fase de la industrialización (Inglaterra) y su extensión (Europa, USA y Japón), se inició un nuevo ciclo que habría de durar hasta el estallido de la 1ª Guerra Mundial en 1914. En este período Gran Bretaña perdió su liderazgo en beneficio de otras potencias.
Destacaron en la segunda revolución industrial las nuevas fuentes de energía (el petróleo y la electricidad) que hizo que nuevos sectores se constituirán en punteros acompañando a la industria textil y la siderúrgica, verdaderos motores de la primera industrialización. La complejidad del entramado empresarial y de los procesos de producción pusieron de manifiesto en esta segunda fase de la industrialización la necesidad de nuevos sistemas de organizativos. Del mismo modo que se creo una economía mundializada. La globalización de la economía se produjo como consecuencia de la necesidad de  materias primas y el control de nuevos mercados donde vender los excedentes industriales. Las principales potencias se embarcaron en la conquista y control de amplios territorios en África y Asia, ampliando enormemente las relaciones comerciales y conduciendo a una universalización mercantil y financiera.